lunes, 5 de septiembre de 2016

Y en el principio fue... (3)



Siguiendo con los comentarios a la semblanza de Poe que escribiera Baudelaire, toca referirse, por tercer día consecutivo, a las grandes verdades que el “bufón” virginiano echara en cara a sus contemporáneos.


A la cabeza del repertorio de admoniciones oníricas hay que situar el principio o postulado de la perversidad humana: ningún hombre es bueno por naturaleza, como afirmaban Rousseau y tantos otros; sino malvado y radicalmente malvado, como no se cansaba de mostrar Poe en sus cuentos. Bajo ese prisma, el título de la obra central de Baudelaire, “Les fleurs du mal”, se revela en todo su pleno significado. Lo que florece en los hombres, lo que más sencilla y naturalmente producen, son actos malvados: “El gato negro”, “El pozo y péndulo”, “El barril de amontillado”, “Metzengerstein”, el paradigmático “Demonio de la perversidad”, etc., ¿qué pueden ser, sino otras tantas “flores del mal” precursoras, sólo que en prosa?




Después, hay que aludir a su recalcitrante mofa de la doctrina del “progreso por el progreso”, forzosamente consecuente con la ingenua fe en la bondad de los hombres. Al utilitarismo al uso en la época, y especialmente exaltado en el Nuevo Mundo, los parnasianos opondrían la doctrina del “arte por el arte”. Cualquiera diría que no tiene mucho sentido responder a una perogrullada con otra, que tan censurable sería la postura del progresista como la del artista que reacciona contra él. Pero, ¿no sería lo razonable cuestionar por qué la humanidad tiene que avanzar en sentido ascendente con respecto a todo pasado, es decir, por qué ha de suponerse que todo tiempo pasado habrá de ser... peor? ¿Y si, cabalmente, resultara que ocurre lo contrario? Así lo entienden Poe y Baudelaire, negando que un hombre especializado de los tiempos modernos sea un hombre “más hermoso” que el bárbaro de los tiempos pasados, cuyo surtido de recursos y experiencias para hacer frente a un entorno hostil y salvaje era mucho más amplio. Al fin y al cabo, los parnasianos pagaban a los utilitaristas con su propia moneda: ser inconsecuente con los inconsecuentes no puede generarle mala conciencia a nadie.


Por último, Baudelaire hace una breve mención al desprecio con que Poe asistió al auge de los movimientos igualitaristas y democráticos, y las acerbas críticas que escribió contra los primeros impulsores del futuro socialismo. Sobre este punto, haré especial hincapié en su repudio expreso de las ideas de Charles Fourier en Francia -porque uno de los más importantes escritores parnasianos, Leconte de Lisle, había sido en su juventud un ferviente defensor de las ideas fourieristas-. Sin embargo, el profundo desengaño vital resultante del fracaso de las revoluciones de 1848, le llevó a desistir de la lucha política y a concentrar todas las energías de su espíritu subversivo en una escritura aséptica... aparentemente, como tendremos ocasión de comprobar más adelante. Por otro lado, la represión reaccionaria de su tiempo no dejaba otra alternativa a muchos intelectuales que la de aparentar ser inofensivos: era eso, o la cárcel. Desde luego, a lo que nunca se avinieron ni Poe ni los parnasianos fue a conformarse y a integrarse. ¡Afán de distinción, de “dandismo”, como nunca se cansó de postular Baudelaire! Cualquier cosa, antes que claudicar y dejarse arrastrar por la corriente de mediocridad imperante, que siempre ha amenazado con engullir a los artistas de todos los tiempos. ¿No decía el autor de "Los paraísos artificiales" que lo importante en la vida era estar siempre embriagado -fuera de vino, de virtud... o de poesía?


Pero de esta faceta elitista y subversiva que Poe concibió para el arte ya hablaremos más largo y tendido, cuando toque el turno de ocuparse específicamente del propio Baudelaire.


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