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domingo, 21 de octubre de 2018

Dos parnasianas dispares


Cuando se habla de las “parnasianas” francesas, en una época en que la escolarización todavía no era universal, hay que referirse, por fuerza, a mujeres de clase acomodada. Exclusivamente. Sólo las hijas de las familias pudientes podían leer y escribir a una escala comparable a los hombres; y sólo las inmersas en ambientes artísticos sofisticados, como en las grandes urbes, podían aspirar a ver publicada y difundida su obra a la par que la de los poetas de mayor renombre. Por eso, están contadas con los dedos de las manos las “rimadoras” que podrían aparecer aquí: y eso que Francia, con su ideario republicano, era la más avanzada de la época en cuanto a tolerancia y reconocimiento del genio femenino.





Es el caso de Louisa Siefert (1845-1877), de familia de burgueses protestantes de Lyon, que llevó una vida acomodada y provinciana, pero obtuvo el reconocimiento de grandes escritores como Victor Hugo, a quien le dedicó uno de sus libros en agradecimiento a una crítica favorable; e incluso del gamberro Rimbaud, en la época en la que todavía no había empezado a insultar y renegar de la poesía tradicional. Aunque sus obras son de talante místico, aquejadas del mismo tono doliente que su propia existencia (una enfermedad pulmonar contraída en la niñez la haría morir de tuberculosis de forma prematura), esta etapa creativa coincide de pleno con el apogeo del parnasianismo, por lo que casi todos los libros de Siefert fueron publicados en la editorial de Alphonse Lemerre. Sus poemarios tuvieron un gran éxito de ventas, y en sus versos puede rastrearse la marcada influencia de Baudelaire. Están cargados de patetismo y transmiten un hondo y conmovedor sufrimiento, fruto de la experiencia personal de una vida marcada por la enfermedad. En este aspecto, y cuando no se hallan lastrados por la beatería y cierta monótona resonancia de letanías conventuales, sino que brotan directamente de la sensibilidad herida y morbosa de su autora, me atrevería a juzgar que sus versos se hallan a la altura de la más afamada producción de Verlaine. Además, los poemas que he publicado en este blog me han recordado mucho a Albert Samain; lo que equivale a decir, para que los lectores hispanohablantes me entiendan mejor, que son precursores de nuestro premio Nobel Juan Ramón Jiménez. En mi opinión, de haber pasado de los 32 años, Louisa Siefert es probable que hubiera ejercido una influencia mucho más patente en lugar de haber caído en el olvido: pero, tal vez, de haber sido así, su legado no hubiera resultado tan valioso como se nos antoja, ya que parece indisolublemente ligado a su agonía existencial.




El caso de Nina de Villard (1843-1884), por el contrario, no podría ser más antagónico. A pesar de compartir los mismos orígenes que Siefert, pues fue hija también de un importante abogado de Lyon, ella sí tuvo la oportunidad de salir de su microcosmos provinciano y de hacer una apoteósica entrada en la brillante capital de Francia. Por eso su biografía es más amplia. Con sólo 20 años, su matrimonio con el periodista de “Le Figaro”, Hector de Callias, y su fortuna familiar, le permitieron abrir uno de los salones literarios más importantes de París en la década de 1860, justo en plena eclosión del parnasianismo. Pronto, la joven esposa planta al marido y se lanza a una vida disoluta que acaba pasándole factura a temprana edad. En su caso, los años no estuvieron marcados por un lento declinar, sino por una carrera frenética para apurar hasta el límite los placeres de la libertad y de la carne. Cuando uno es poderoso y rico, la sociedad puede censurar, vilipendiar, murmurar: pero es difícil que esos ataques ruines de los defensores y defensoras del decoro puedan llegar a arruinar por sí solos la vida de una mujer del temperamento de Nina de Villard. Ella hacía versos para divertirse, como puede comprobarse en su escasa producción poética; del mismo modo que vivía y respiraba para divertirse. La anfitriona parisina tuvo amantes artistas, como el poeta Charles Cros; fue modelo en el taller de otros, como el pintor Edouard Manet; y fue ella misma una artista aficionada, mejor pianista que rimadora según sus amigos. En su salón, el más progresista de la capital, no sólo se daban cita las vanguardias parnasianas, también los más alborotadores políticos y periodistas republicanos. Tras la guerra franco-prusiana y el aplastamiento de la Comuna de París, los puritanos, que militaban en el bando victorioso, pudieron por fin desquitarse de la desafiante y escandalosa ricachona, que se vio forzada a unirse a muchos de sus amigos en el exilio en Suiza. Cuando llegó la amnistía y las aguas vuelven a su cauce, puede regresar a París: pero ahora de una forma mucho menos boyante y solvente. Repudiada por la alta sociedad, su salón pierde categoría pero no calidad. Ahora serán los artistas marginados los que canten al desencanto de una sociedad gris bajo su paraguas: los simbolistas. Pero su vida no tiene el esplendor del pasado; y el alcoholismo y las crisis nerviosas acaban por destrozar su mente, muriendo en un sanatorio, sola y abandonada, como tantos de los genios descarriados a los que acogió en sus últimos años.

También un triste final, como el de Louisa. Aunque los cantos espirituales de ésta eran dulces y melancólicos cantos de cisne; mientras que los cantos mundanos de Nina eran explosiones de vitalidad y bromas ocasionales, poco elaborados y por eso menos meritorios. Pero, a la postre, los bellos suspiros poéticos de Louisa venían motivados por no haber podido vivir la vida con la misma plenitud que Nina.


Louisa Siefert - Soleil d'hiver


SOLEIL D'HIVER                                                                    SOL DE INVIERNO
Del libro “Rayons perdus”

Hélas! hier encor sur mon front, sur ma lèvre,                  ¡Ay! Aquí, sobre mi frente, sobre mis labios,
Sont venus se poser la joie et le plaisir,                               todavía vienen a posarse la alegría y el placer.
J'ai ri comme une folle... aujourd'hui j'ai la fièvre,           Me he reído como una loca, hoy estoy febril
Car ma porte est fermée et j'en ai le loisir.                          porque mi puerta está cerrada y no tengo nada que hacer.

O pauvre humanité! J'ai pitié de moi-même                      ¡Oh, pobre humanidad! Me compadezco de mí misma
Quand mon masque s'en va décollé par mes pleurs          cuando mi maquillaje se va desprendiendo con el llanto
Et qu'apparaît, meurtri, consumé, maigre, blême,            y aparece, magullado, consumido, enflaquecido y pálido,
Mon visage, dont tous admiraient les couleurs.                 mi rostro, cuyos rubores todos admiraban.

—Nous sommes en janvier: le ciel, d'un azur tendre,        Estamos en enero: el cielo, de un azul enternecedor,
Réfléchit sa splendeur dans les flots clapotants;                refleja su esplendor en las olas que se mecen;
Le vent est si léger qu'à peine on peut l'entendre,             el viento es tan suave que apenas se escucha,
Le soleil est si doux qu'on dirait le printemps.                   el sol es tan dulce que parece primavera.

Mais, comme ces rayons à la nature morte                         Pero, igual que sus rayos a la naturaleza muerta
Se prodiguent en vain et ne fécondent rien,                        alcanzan en vano sin llegar a fecundar nada,
Dans mon âme, la peine est aussi la plus forte:                  en mi alma la pena se vuelve también mayor.
Mon rire est un mensonge et l'amour le sait bien!             ¡Mi risa es una mentira y el amor bien lo sabe!


jueves, 18 de octubre de 2018

Louisa Siefert - Crépuscule


CRÉPUSCULE                                                                          CREPÚSCULO
Del libro “Rayons perdus”

Je ne puis résister à la mélancolie                                        No puedo soportar la melancolía
De la feuille qui tombe et du jour qui s'en va;                    de la hoja que cae y el día que se marcha.
A ce moment, en moi quelque chose se plie,                      En ese momento, dentro de mí se repliega algo,
Quelque chose de fier qui souffrit et rêva.                          algo orgulloso que sufría y soñaba.

Cetce feuille qui tombe et qu'à jamais oublie                     Esta hoja que cae y por siempre es olvidada
L'arbre, auquel tout à l'heure un souffle l'enleva,              por el árbol, a la que en un instante se lleva una ráfaga;
Ce jour déjà mourant qui lutte et s'humilie                         ese día mortecino que lucha y se rinde
Comme un proscrit blessé que le ciel réprouva,                 como un proscrito herido al que el cielo ha repudiado;

Cette feuille, ce jour, cet oubli, tout m'attriste.                   esta hoja, este día, este olvido: todo me entristece.
Une seule pensée en mon esprit subsiste,                            Un solo pensamiento persiste en mi espíritu
Qui me dit: c'est l'hiver! qui me dit: c'est la nuit!               que me dice: ¡es invierno!; o me dice: ¡es de noche!

Demain, cieux et forêts rajeuniront encore...                      Mañana, cielos y bosque todavía rejuvenecerán…
Mais à la feuille morte, à l'heure qui s'enfuit,                      pero a la hoja muerta, a la hora que se desvanece,
Hélas! qui parlera de printemps ou d'aurore?...                 ¡ay! ¿Quién les hablará acerca de la primavera o del alba?


viernes, 5 de octubre de 2018

Louisa Siefert - Pluie d'automne


PLUIE D'AUTOMNE                                                                  LLUVIA DE OTOÑO
Del libro “Rayons perdus”

I

Enfin, voici la pluie & les brumes d'automne!                       ¡Ya están aquí, por fin, la lluvia y las brumas del otoño!
Le temps est presque froid. Le soleil radieux                         El tiempo ya es casi frío. El sol radiante
Depuis hier au soir nous a fait ses adieux;                              nos dijo adiós anteayer.
Le ciel, d'un bout à l'autre, est d'un gris monotone.             El cielo, de un extremo a otro, es de un gris monótono.

Sous les arbres feuillus l'ombre se pelotonne,                       Bajo los árboles tupidos se amontona la sombra
Bleue & tranquille; un jour aveuglant, odieux                        azulada y tranquila. Las jornadas cegadoras y odiosas
Cesse de l'accabler de traits insidieux;                                     han dejado de puntearla de insidiosos trazos.
Dans l'accord des couleurs pas une ne détonne.                    En la combinación de los colores ninguno desentona.

Le regard ébloui de trop vives clartés,                                      La mirada, deslumbrada por la claridad demasiado intensa,
Brûlé par la splendeur des rayonnants étés,                            abrasada por el esplendor del verano radiante,
Se détend, se reposé & contemple, paisible,                            se detiene, descansa y contempla, apacible,

Les arbres estompés, les contours amollis,                              los árboles difuminados, las siluetas suavizadas,
Le vallon qui se creuse en mystérieux plis,                               el valle que se ensancha en misteriosos pliegues
Et l'horizon rendu par la pluie invisible.                                   y el horizonte que la lluvia ha vuelto invisible.


II

Quand on a l'âme sombré & le coeur angoissé,                        Cuando se posee un alma sombría y un corazón angustiado,
Ces aspects adoucis, ces tons mélancoliques,                           estas perspectivas mitigadas, estas tonalidades melancólicas
Que voilent à demi des hachures obliques                                entreveradas por las oblicuas sombras,
(Impalpable réseau d'ui faible vent poussé),                             retícula impalpable traída por un viento flojo,

Cette nature en deuil, ce feuillage froissé,                                  esta naturaleza enlutada, este follaje abarquillado,
Ces teintes d'un vert glauque aux reflets métalliques,             estos colores glaucos con reflejos metálicos,
Cette pluie au moment des ardeurs idylliques,                          esta lluvia súbita de los idílicos arrebatos,
Vous conviennent bien mieux qUc le beau temps passé.         son bastante más convenientes que el buen tiempo de antaño.

L'été, c'est le bonheur, la joie & la lumière,                                 El verano es la dicha, la alegría y la luz,
L'épanouissement sans crainte de l'esprit                                   el esparcimiento sin queja del espíritu
A qui tout ici-bas & dans le ciel sourit.                                         al que todo sonríe tanto en la tierra como en el cielo.

L'été, c'est la jeunesse en sa verdeur première,                          El verano es la juventud en su primicia germinal,
C'est la santé robuste & l'amour insensé...                                   es la salud robusta y el amor insensato…
Et moi, j'ai l'âme sombré Si le coeur angoissé.                            Y resulta que yo tengo el alma sombría y el corazón angustiado.