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martes, 3 de diciembre de 2019

Auguste Villiers De L'Isle Adam - Chanson d'amour (I)


CHANSON D’AMOUR                                CANCIÓN DE AMOR
(NOCTURNE)                                               (NOCTURNO)
Del libro “Contes cruels”

I

La nuit, sur le grand mystère,                    La noche, en el gran misterio,
Entrouvre ses écrins bleus:                        entreabre su joyero azulado:
Autant de fleurs sur la terre,                      ¡hay tantas flores sobre la tierra
Que d'étoiles dans les cieux!                      como estrellas en los cielos!

On voit ses ombres dormantes                  Se ven sus sombras durmientes
S'éclairer, à tous moments,                        refulgir continuamente,
Autant par les fleurs charmantes             tanto de flores encantadoras
Que par les astres charmants.                   como de astros encantadores.

Moi, ma nuit au sombre voile                   Pero mi noche, bajo su velo sombrío,
N'a, pour charme et pour clarté,              no posee, para encantarme e iluminarme,
Qu'une fleur et qu'une étoile:                   más que una flor y una estrella:
Mon amour et ta beauté!                           ¡mi amor y tu belleza!





Adjunto el enlace a esta excepcionalmente bella versión para voz y piano que compuso Gabriel Fauré, allá por el siglo XIX (como siempre… ¿por qué será?). Este poema fue compuesto por el poeta en su juventud, y su primera publicación tuvo lugar formando parte de la novela “Isis”, de ambiente esotérico, antes de que se incluyese en el afamado volumen de los “Cuentos crueles”. Probablemente, y pongo a Apolo por testigo, ésta sea la canción más hermosa que haya compuesto Fauré, y también estos versos son los más sencillos y sublimes que hayan surgido de la inspirada pluma de Villiers.



Auguste Villiers De L'Isle Adam - Chanson d'amour (III)


CHANSON D’AMOUR                                 CANCIÓN DE AMOR
(LES PRÉSENTS)                                         (LOS REGALOS)
Del libro “Contes cruels”

III

Si tu demandes quelque soir                       Si alguna tarde me preguntas
Le secret de mon coeur malade,                 por el secreto de mi corazón enfermo,
Je te dirai pour t'émouvoir,                         ¡te contaré, para emocionarte,
Une très ancienne ballade!                          una balada muy antigua!

Si tu me parles de tourments,                     Si me hablas de tormentos,
D'espérance désabusée,                               de la esperanza desengañada,
J'irai te cueillir seulement                           ¡iré a recoger para ti, solamente,
Des roses pleines de rosée!                          las rosas impregnadas de rocío!

Si pareille à la fleur des morts,                   Si, semejante a la flor de los muertos
Qui fleurit dans l'exil des tombes,              que florece exiliada en las tumbas,
Tu veux partager mes remords,                  quieres compartir mis remordimientos,
Je t'apporterai des colombes!                     ¡te entregaré unas palomas!




A continuación, adjunto también la versión para voz y piano compuesta por Fauré.



jueves, 10 de noviembre de 2016

Auguste Villiers De L'Isle Adam - Prière indienne


PRIÈRE INDIENNE                       ORACIÓN HINDÚ
Del libro "Premières poésies"



A genoux, le brahmane[1]              De rodillas --dijo el brahmán,

Dit, en courbant le crâne                arqueando el cráneo

Près du fétiche noir;                        junto al fetiche negro--.

Grave témoin du monde,               Testigo circunspecto del mundo,

Brahmah[2], fais que je sonde      Brahma, haz que penetre

Les oracles du soir.                          en los oráculos de la noche.



Fais que ma course sainte              Haz que mi camino de santidad

Ne trouve pas l'empreinte              no lleve la impronta

De Sivah[3], dieu fatal;                   de Sivah, la diosa fatal;

Ni, devant ton silence,                     ni, ante tu indiferencia,

La puissante alliance                       de la poderosa alianza

Du bien avec le mal;                         entre el bien y el mal;



Ni, sur le roc sauvage,                      ni se cruce, sobre la roca agreste,

Le fils de l'esclavage,                        con el hijo de la esclavitud,

Le paria tremblant;                           el paria tembloroso;

Ni, sur sa hutte impure,                   ni, en su impura choza,

Comme un hideux augure,              como un horrible augurio,

Le Vampire sanglant;                       con el vampiro sanguinario;



Ni la funèbre joie                               ni con el fúnebre regocijo

Du Thôgh[4], guettant sa proie      del thug, acechando a su presa

Pour l'étrangler sans bruit,              para estrangularla sin ruido

Et puis, sous les lianes,                     bajo las lianas y después,

Comme un djinn[5] des savanes,   como un djinn de las sabanas,

Plongeant son front maudit;           humillar su frente maldita;



Ni, dans ce bois où j'entre,               ni, en este bosque donde voy a entrar

Enroulant son long ventre               enrollando su largo vientre

Jusqu'au haut des palmiers,            hasta lo alto de las palmeras,

Le serpent vert et chauve ,               ¡con la serpiente verde y calva

Dardant sa langue fauve                   que lanza su espantosa lengua

Sur le nid des ramiers!                      sobre los nidos de las ramas!




He aquí un nuevo ejemplo de emulación insólita por parte de nuestro reconocido simbolista de "Les contes cruelles". Villiers, poeta primerizo, compuso estas difíciles pero sobrecogedoras rimas parnasianas, sobre una temática más propia de Leconte de Lisle que de su propio estilo. Aunque no lleva dedicatoria, sí va acompañada de una cita estremecedora a la par que reveladora de sus valores estéticos: "¡Lo horrible es hermoso!" ¿Cómo? ¿No se tratará de una confusión o un contrasentido? En absoluto: está extraída del "MacBeth" de Shakespeare, en cuyo primer acto, las famosas brujas de la noche gritan que lo horrible es hermoso y lo hermoso es horrible. Sí, esas mismas brujas sobre las que el propio MacBeth concluye, en el último acto y como si de una moraleja se tratara, que "mienten al decir la verdad". Quien haya leído o escuchado el drama escénico, comprenderá al punto el evidente paralelismo entre el escocés desgraciado y el hindú desgraciado... que ora ante el dios oscuro para intentar librarse en vano de esa misma muerte que le ha sido profetizada.


[1] Sacerdote hindú por antonomasia.
[2] El dios creador del universo, según un dogma hindú.
[3] El dios destructor.
[4] Miembros de la secta de Los Estranguladores, famosos por saquear las caravanas y matar a sus víctimas por asfixia. Se trataba de asesinatos rituales en honor a la sangrienta diosa Kali.
[5] Genios nocturnos de la mitología persa.


viernes, 28 de octubre de 2016

El Aristócrata Maldito

Tras los pasos de Poe y de Baudelaire, en la literatura finisecular (del siglo XIX) hallamos un tercer nombre, a menudo asociado a los albores del simbolismo, pero también convertido en todo un emblema del decadentismo más beligerante y exacerbado. Se trata del Conde Villiers De L'Isle Adam. En la biografía de Villiers hallamos el paradigma de un estilo de vida que, en la era del Imperio de la Burguesía, ya no se sostenía de ningún modo. 



Imagínese a un joven de veinte años, vástago de uno de los más rancios linajes de la nobleza francesa, los Villiers De L’Isle-Adam, cuyo representante más afamado, Philippe, fue Gran Maestre de la Orden Cruzada de los Hospitalarios en el siglo XVI, y consiguió resistir en Rodas a la armada del hombre más poderoso de la tierra, el sultán Solimán El Magnífico; un joven criado en Bretaña, aquel trasnochado rincón de Francia donde tan sencillo puede resultar petrificar la aureola de gloria de un pasado remoto, y entregarse a la vana ilusión de su naturaleza imperecedera; un joven de buenos modales, de vasta cultura, sensible, que llena su tiempo leyendo, escribiendo, tocando el piano, paseando, alternando… como buen dandy bohemio; y que tiene a su disposición un lujoso apartamento en la Rue Saint-Honoré de París, ciudad mundana y rebosante de distracciones. Allí, se codea con la flor y nata de la sociedad; allí, luce su genio, investido con el prestigio de su estirpe, para hacer y deshacer a su antojo.

Mas toda esta pompa y circunstancia que rodea a nuestro cachorro de sangre azul se esfuma como por arte de magia, no más la anciana tía abuela de Bretaña -que con sus riquezas la sostiene- fallece sin apenas dejar herencia. A continuación, ocurre con Villiers justamente lo contrario que con el príncipe Segismundo de "La vida es sueño" (Calderón, poco recomendable para escenificar hechos reales): forzado por las circunstancias a ganarse el sustento como cualquier hijo de vecino, se lo gana mal y tarde, incapaz de sobrevivir en el despiadado campo de batalla burgués, donde el dinero es el único objeto digno de la devoción y las preocupaciones de los hombres.

Antaño, en los buenos tiempos, Villiers se había entregado al culto de la belleza, en el que había sido iniciado por Baudelaire, y que había compartido con Mallarmé -su gran amigo, hasta el final-. La asiduidad en sus visitas a casa del ya respetable crítico de arte Théophile Gautier, le había llevado a enamorarse de una de sus hijas, Estelle, más o menos por la misma época en que Catulle Mèndes pretendía a otra de ellas, Judith. A diferencia de la última pareja, cuyo matrimonio sí llegó a consumarse, Villiers encontró una redoblada oposición -no sólo por parte del que sería su suegro, sino aún más feroz en el seno de su propia familia, absurdamente elitista-; no obstante, la pareja Catulle-Judith, tal vez por empatía, lo adoptó como amistad estrecha y lo incorporó a su círculo de amistades. Al igual que ellos, Villiers era un ferviente admirador de Wagner, al que había conocido en París; y esa amistad fue la que abrió al grupo las puertas de su casa en Alemania. Se dio la paradoja de que, por aquel entonces, y todavía con recursos, Villiers se hallaba volcado en la creación dramática, escribiendo obras teatrales de carácter metafísico y casi místico, muy alejadas del gusto vodevilesco del público francés -y, por tanto, con escaso éxito en París. Sin embargo, animado por Wagner, accedió a declamar una de sus obras de atmósfera trascendental en el transcurso de una audición pianística de Franz Liszt -suegro de Wagner-; conjuntándose tan maravillosamente la música y el texto, que el éxito de la velada resonó durante mucho tiempo en Alemania. ¡Cuán diferente el destino vital del conde Villiers, si entonces hubiera accedido a naturalizarse en el lugar donde su talento era tan bien recibido!

Más tarde, tras la caída, aferrado a su última posesión -el honor, o mejor dicho, el apellido-, sólo a duras penas se sentía capaz de hacer concesiones a la dura realidad para ganar una hora más de existencia miserable. Reducido a la pobreza extrema, el noble que había pretendido la mano de algunas de las más famosas beldades parisinas, acabó emparejando con una humilde viuda poco agraciada, y sólo en su lecho de muerte accedió a reconocer su vínculo con ella para no perjudicar a su único hijo... bastardo y desnutrido. Acuciado por la necesidad, accedió a volcar su inspiración excepcional en la redacción de pequeños cuentos, que luego eran publicados en periódicos o revistas, a cambio de unas pocas monedas; las cuales apenas le servían para comprar la tinta y el papel en que habría de escribir las próximas entregas... sobre el mugriento suelo de su húmeda buhardilla en la Rue des Martires -subrayo la ironía, así como el hecho de que Villiers era un católico ferviente hasta la médula-, ya que carecía de mesa. Dicho lo anterior, no hace falta entrar en conjeturas sobre qué es lo que estuvo comiendo durante esos años de privaciones -si es que comía-, para que acabara falleciendo a los cincuenta años... a causa de un cáncer de estómago.

Por todo lo anterior, y muy justamente, Verlaine incluyó al desafortunado Villiers -junto a su colega Mallarmé- entre los parias del famoso panfleto titulado "Los poetas malditos". La razón: "porque, a pesar de que su nombre está destinado a la más honda resonancia en la posteridad, no es lo suficientemente glorioso en estos tiempos que debieran estar a sus pies."

Pero el acto de justicia decisivo en su vida, que permitió que su obra no cayera en el olvido y produjera una amplia resonancia entre las generaciones venideras, fue la apasionada recomendación hecha por Huysmans en el capítulo XIV de "À rebours" -novela que se consideró manual básico de pensamiento y conducta de todo buen decadentista-. Allí se dice: "Les contes cruels" (de Villiers), un volumen de cuentos de talento indiscutible, en el que también se hallaba "Vera", un relato que Des Esseintes (el protagonista) consideraba una obrita maestra.

Hoy en día, los estudiosos consideran que el propósito fundamental de Villiers, el Aristócrata Maldito, fue vengarse mediante sus cuentos de aquella sociedad burguesa que había dado la espalda al idealismo de sus dramas. Por eso, sobre todo, es por lo que se le ha recordado. Él había ofrecido al mundo sus visiones sublimes... y el mundo las había ignorado. Justo lo mismo que le había ocurrido a Poe, y a Baudelaire, y a su amigo Mallarmé. 

Y la misma extrañeza con que "los más" habían acogido sus mensajes, había nacido en el corazón de "los menos" -con respecto a esos valores que aquéllos preferían a los suyos-. Esta "contra-extrañeza", esta reacción despectiva que cristaliza en el decadentismo y que, de nuevo, Huysmans refleja en el último y profundamente nihilista capítulo de "Á rebours" (que se debe traducir como "a contracorriente", no "a contrapelo"), conduce a una postura inequívoca. "¿Acaso no se había tenido que marginar y excluir él mismo?", "¿dónde, cuándo, debía rebuscar hasta encontrar un espíritu gemelo?", dice, literal y sucesivamente Huysmans, refiriéndose a su personaje. Casi al final, aclara: "Se trataba de la gran prisión de la sociedad norteamericana, transplantada al viejo continente: todo quedaba bajo la inmensa grosería del financiero y del nuevo rico, resplandeciendo como un sol abyecto sobre la ciudad idólatra que, tumbada boca abajo, se regodeaba eyaculando impuros cánticos de alabanza ante el impío tabernáculo del DINERO, custodiado por los bancos." No puede haber equívoco alguno: el virginiano Edgar Allan Poe, el primero en reaccionar contra el norteamericanismo de su tiempo, fue un precursor casi forzoso. ¿Por qué? Porque en su tierra había surgido, antes que en parte alguna, el culto al dinero, que iba a extenderse después al resto del mundo.  

Parnasianos, simbolistas, decadentistas: separados por nimias diferencias, sin embargo, todos lanzarían unánimemente la misma exclamación de náusea que profirió Des Esseintes. "¡Derrúmbate, pues, sociedad! ¡Muérete ya, viejo y asqueroso mundo!" Y, sin embargo, a estas alturas, lejos de derrumbarse, ese mundo repugnante sigue extendiéndose sin descanso, tratando de trasplantarse hasta el último rincón del planeta.



Naturalmente, tanto Villiers como Huysmans -como Poe y Baudelaire, cada cual a su manera-, eran creyentes cristianos. Creían en el recién defenestrado dios de los católicos, y su alegato a favor de la belleza estaba inevitablemente sazonado por la añoranza de los privilegios perdidos por éste. ¡Ah, sí, los sacerdotes de Apolo conocemos bien ese regusto amargo del exilio, que en los últimos siglos les ha tocado el turno de probar a los sacerdotes de Cristo! A éstos, los nuevos obispos de las Finanzas, los nuevos pontífices de la Plutocracia, les están dando la misma medicina que ellos les dieron a nuestros antecesores hace mil quinientos años. Por eso alabamos, en lo que vale, la honorable pero ingenua reacción de los decadentistas católicos; y en especial, del desaventurado Villiers, que tuvo el valor de llevar su defensa de lo bello hasta las últimas consecuencias... hasta la muerte. Pues él escribía por placer. 
¡Por Apolo, qué buen vasallo -si tuviera buen "Señor"-...!


miércoles, 26 de octubre de 2016

Auguste Villiers De L'Isle Adam - Exil



EXIL (STANCES)                                                                      EXILIO (ESTANCIAS)

Del libro "Premières poésies" 



                           I



Celle-là, — disait-il, — c'est la fille des plages                    Aquélla de allá, decía, es la muchacha de las playas

Où le pâle Océan cambre ses flancs sauvages;                   donde el pálido océano arquea sus salvajes flancos;

Où, la nuit, les rochers, ces lourds piliers des mers,         donde, de noche, los arrecifes -esas pesadas columnas de los mares-

Guettent les matelots en proie au ciel qui gronde;            acechan a sus presas, los marineros, bajo un cielo que atruena;

Où, pour les bâtiments, au large, errants sur l'onde,        ¡donde el viento, para los grandes navíos errantes

Le vent creuse un tombeau dans les sillons amers!           sobre las olas, cava una tumba en sus amargos surcos!



  
                           II

            

Celle-ci, dont le front, ineffable prestige,                             Y aquélla de aquí, cuya frente, inefable trofeo,

Plie aux souffles du soir comme un lys sur sa tige,             se inclina con los suspiros de la tarde como un lirio sobre su tallo,

C'est l'enfant des pays où les palétuviers                              es la hija de los países donde los manglares

Bordent les oasis des lointaines savanes:                             circundan los oasis en las sabanas lejanas:

Où, sous l'ombrage, on voit briller dans les lianes,            donde, a la sombra, se ve brillar en las lianas

Comme un prisme vermeil, l'aile d'or des pluviers!           una suerte de prisma bermejo -¡el ala dorada de los chorlitos!





                           III



L'une, c'est d'Ischia la baigneuse folâtre                               Una es la bañista alocada de Ischia,

Qui caresse le gouffre avec ses bras d'albâtre,                     que acaricia los abismos con sus brazos de albatros

Et sourit à travers ses cheveux ruisselants,                          y sonríe entre sus cabellos empapados;

Lorsque le flot houleux, dont l'écume déferle,                     a pesar de que la fuerte marejada, cuya espuma rompe,

Jpue avec son beau corps, puis, ainsi qu'une perle,            juguetea con su hermoso cuerpo como si fuera una perla,

La roule sur le sable et meurt à ses pieds blancs!                la arroja sobre la arena y va a morir a sus pies.





                           IV



L'autre, c'est une fleur de ces molles Antilles                       La otra es una flor de esas suaves Antillas

Où, quand le clair de lune argente les charmilles,               en las que, cuando el claro de luna baña los caminos de setos,

Le mulâtre crépu tend le hamac des nuits;                           el mulato de pelo crespo despliega la hamaca nocturna;

Et que la nuit du Sud, aux énervants délires,                       donde la noche meridional de enervantes delirios,

Dans un baiser muet croisant leurs deux sourires,             haciendo coincidir sus dos sonrisas en un mudo beso,

Semble imprégner d'amour les airs attiédis!                        ¡parece impregnar de amor la atmósfera calurosa!



                           V



Hélas! quand, dans Paris, la vivante fournaise,                   ¡Ay! Cuando en París, ese horno mundano,

Moi, le fils de l'exil, je pense à la falaise                                 yo, hijo del exilio, pienso en la bahía

Où se mêle une voix de vierge aux voix des flots;                donde una voz de virgen se confunde con la voz de las olas;

Quand je songe aux forêts où va rêver ton âme                    cuando sueño con los bosques a los que tu alma se va a soñar

Sous les longs ébéniers, créole aux yeux de flamme!          bajo los altos ébanos, criolla de ojos llameantes…

—Ahl mon coeur solitaire étouffe des sanglots.—                ¡ah!, mi corazón solitario se ahoga en sollozos.



                           VI



—O mes anciens amours, Antilles diaprées,                          Oh, mis viejos amores, Antillas jaspeadas;

Et vous, rochers de l'île aux cimes empourprées,                 y vosotros, arrecifes de las islas de cumbres purpúreas

Vous, que j'aime toujours, pourquoi vous ai-je fui?             a los que amaré siempre, ¿por qué he huido de vosotros?

Parmi tous ces humains, perdu, comme un atôme,             Perdido entre todos esos humanos, como un átomo,

Je venais pour chercher la gloire, vain fantôme!                  ¡vine para buscar la gloria, vano fantasma!

Vaut-elle bien la paix que je cherche aujourd'hui ?              ¿Vale tanto como la paz que estoy buscando hoy?





                           VII



Ici règne l'Ennui suprême qui dévore;                                    Aquí reina el aburrimiento supremo y devorador,

Ici l'on n'entend pas les hymnes de l'aurore;                         aquí no se escuchan los himnos de la aurora,

Ici l'on a perdu le délire sacré,                                                  aquí se ha perdido el delirio sagrado,

L'enthousiasme saint qui fait les grandes choses,                el entusiasmo santificado de los grandes logros;

Et la fumée, au loin, a desséché les roses,                              y el humo, en derredor, ha marchitado las rosas,

Les roses qui s'ouvraient sous le ciel azuré!                           ¡las rosas que se abrían bajo el cielo azulado!



                           VIII



Ici le fourneau gronde, et l'usine fermente;                           Aquí los grandes hornos truenan, las fábricas bullen,

La houille en fusion bout dans sa lave ardente.                    el carbón fundido borbotea como lava ardiente,

Car on veut accorder les peuples d'ici-bas                             porque se quiere concordar a los pueblos de estos pozos

Dans leur sombre unité; —les marteaux, sur l'enclume,     en una unidad sombría. Los martillos retumban sobre el yunque;

Retombent; sur les rails, la vapeur siffle et fume                 sobre los raíles, el vapor silba y

Pour marcher vers un but auquel on ne croit pas.—            asciende para avanzar hacia una meta en la que no se cree.



                           IX



Ici l'on rit des dieux paisibles de nos pères!                           ¡Aquí se ríen de los dioses apacibles de nuestros padres!

Ici sont les enfants qui font pleurer leurs mères.                  Aquí son los hijos quienes hacen llorar a sus madres.

L'innocence a quitté ce lieu d'anges déchus;                          La inocencia se ha esfumado de este lugar de ángeles caídos,

Les lys immaculés tombent sous les faucilles.                       los lirios inmaculados caen bajo las hoces.

Ici tout est flétri d'avance, ô jeunes filles!...                           Aquí todo se marchita por adelantado, ¡oh, jovencitas!

Ici l'on est maudit!... Ici l'on n'aime plus.—                           ¡Aquí está todo maldito...! Aquí ya no se ama.



                           X



Oh! quand pourrai-je voir cette grève, où, naguère,            ¡Oh! ¡Cuándo podré ver esa costa donde, antaño,

Des poissons argentés l'écaille de lumière                             a plena luz, las escamas de los peces plateados

Scintillait sur le sable..., —et ce pays vermeil                        centelleaban sobre la arena; y ese país rubicundo

Où chantent les oiseaux, —où le tigre des jungles                donde cantaban los pájaros, donde el tigre de la jungla

Sous les bambous rougis, dort, en rentrant ses ongles        duerme bajo el rojizo bambú, doblando las garras

Dans sa patte lascive étendue au soleil!                                  de su pata lasciva, extendida bajo el sol!