lunes, 5 de diciembre de 2016

El clon de Leconte de Lisle


Para ubicar a Léon Dierx, bastaría con decir de él que fue una réplica de Leconte de Lisle... sólo que católico confeso. Ambos tenían en común su origen -la isla de Reunión, índica y exótica-, su estilo -representaron la vertiente más pura y perfeccionista del parnasianismo-, y su amistad. El díscipulo inició su carrera con un poemario romántico, y la concluyó en medio de oportunos guiños hacia la nueva estética dominante, el simbolismo. Este acercamiento le valió ser elegido como "Príncipe de los Poetas" (franceses) a la muerte de Mallarmé -quien a su vez había sucedido a Verlaine, sucesor de su maestro Leconte de Lisle. 




Sin embargo, nunca condescendió del todo con la vaguedad propia de los discípulos de Mallarmé, y menos aún pregonó con el ejemplo: sus rimas pueden comprenderse perfectamente, sin necesidad de hacer cábalas o cerrar la mente a toda búsqueda de sentido, quedándose con el efecto. En este aspecto, mantuvo toda su vida una fidelidad absoluta a los cánones estéticos que había asumido; lo que le valió recibir numerosas distinciones a comienzos del siglo XX, cuando ya la mayoría de sus colegas parnasianos habían dejado de existir, pero su recuerdo y estima se mantenían frescos -justo en las instituciones culturales, esos mausoleos que siempre veneran los "cantos de cisne", porque pueden quedar petrificados y no contradecirse para contrariarlos).


Es muy probable que, de haber escrito al menos una novela, hoy le consideráramos el primer premio Nobel de literatura, en lugar de Sully-Prudhomme.

jueves, 1 de diciembre de 2016

Louis Xavier de Ricard - Clair de lune dans Paris



CLAIR DE LUNE DANS PARIS                                          CLARO DE LUNA EN PARÍS

Del libro “Ciel, rue et foyer”



Minuit faisait jaillir, comme des étincelles,                      La medianoche hacía brotar como destellos

Les gerbes de ses sons qui, palpitant des ailes,               esos sonidos arracimados que, agitando las alas,

Montaient et vibraient en tremblant,                                ascendían y vibraban trémulamente.

L'air était sec et vif; la nuit calme et splendide;              La atmósfera era seca y brillante; la noche, apacible y espléndida;

Et le dôme du ciel, sans vapeur et sans ride,                    y la bóveda del cielo, sin nubes ni volutas de humo,

Était couvert d'or scintillant.                                               estaba cubierta de oro centelleante.



La lune avait tendu les blancheurs de son voile;             La luna había desplegado su velo blanco;

On eût dit qu'un vent frais, passant sur chaque étoile,  se diría que una brisa fresca, pasando sobre cada estrella,

Les faisait osciller; et que, confusément                           las hacía oscilar; y que, confusamente

Semé d'une poussière impalpable et dorée,                     sembrada de impalpable polvo dorado,

Du vif argent, teinté d'une teinte azurée,                          intensamente plateada, teñida de una tonalidad azulina,

Animait cette nuit l'orbe du firmament.                           animaba esa noche el orbe del firmamento.



Vous alliez calmement, baigné de clarté sombre;           Avanzabais tranquilamente, bañados en una sombría claridad;

Vos pas s'amortissaient dans le silence et l'ombre;        vuestros pasos se amortiguaban en el silencio y la oscuridad.

Peut-être alors sur votre bras                                              Quizá sobre vuestro brazo

S'appuyait doucement le bras d'une maîtresse;              se apoyaría dulcemente el brazo de una amante

Et, penché vers ses yeux tout trempés de tendresse,      e, inclinándoos hacia sus ojos húmedos de ternura,

Vous alliez en causant tout bas.                                          ambos conversaríais en voz baja.



Vous disiez de ces mots qui font palpiter l'âme.             Le iríais diciendo esas palabras que hacen palpitar al alma.

-Oh! la nuit, à son bras presser un bras de femme!-      -¡Oh, la noche, aferrando con el brazo un brazo de mujer!-

Et la lune, rêveuse au fond des horizons,                          La luna, soñadora en los confines del horizonte,

Avait acculé l'ombre au tournant d'une rue;                    había acorralado a las sombras al doblar una calle;

Et, tombant sur les toits, sa clarté vive et drue                ¡y su viva y densa claridad, cayendo sobre los tejados,

Faisait saillir en noir le profil des maisons!                      hacía destacar la negra silueta de los edificios!


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Louis Xavier de Ricard - À Vénus de Milo



À VÉNUS DE MILO                                                    A LA VENUS DE MILO

Del libro “Ciel, rue et foyer”



Ô Vénus de Milo, grand poème sculpté,                 Oh, Venus de Milo, gran poema esculpido,

Les charmes infinis rêvent sous la paupière,         infinitos encantos sueñan bajo tus párpados,

Et les baisers muets de tes lèvres de pierre            y los besos mudos de tus labios de piedra

Font descendre en nos cœurs la sainte volupté.    hacen descender la santa voluptuosidad sobre nuestros corazones.



Hymne marmoréen, tu vois l’éternité                     Himno marmóreo, contemplas la eternidad

T’admirer, et sourire à ta candeur altière;              que te admira y sonríe ante tu candor altivo;

À genoux devant toi, l’esprit et la matière              de rodillas frente a ti, el espíritu y la materia

Adorent la puissence et la sérénité.                         adoran tu poder y tu serenidad.



Le temps a resperté la grâce tout entière,               El tiempo ha respetado tu gracia incólume,

Et de nos passions la vaine activité                          y el inútil desencadenamiento de nuestras pasiones

N’a jamais dérangé les plis de la beauté.                 nunca ha desordenado los pliegues de tu belleza.



Poète, garde ainsi ton âme intacte et fière;             Poeta, conserva intacta, como ella, tu alma orgullosa:

Que ton esprit, vêtu d’impassibilité,                         que tu espíritu, ataviado con la impasibilidad,

Marche à travers la vie au but qui l’a tenté.            avance por la vida hasta alcanzar el confín que le ha tentado.



lunes, 28 de noviembre de 2016

El parnasiano entusiasta


Al igual que sucede en el caso de Ménard, al aristocrático Louis-Xavier de Ricard le hallaremos más ocupado en teorizar y dirigir a otros que en versificar. De hecho, sus poemas son obras precoces y se reúnen en un par de libros, el más influyente de los cuales fue “Ciel, rue et foyer”-publicado en 1866, el mismo año en que, junto a Catulle Mèndes y Alphonse Lemerre, fundara “Le Parnasse contemporain”.



Vástago de un general francés, Ricard vivió una juventud opulenta, y desde el principio se decantó por dedicarse al activismo político, dirigiendo él mismo o colaborando en publicaciones periódicas. De ideología revolucionaria y anticlerical, en años sucesivos desarrollaría una intensa actividad periodística siguiendo los únicos dictados de su capricho… sin perjuicio de la constante interdicción de sus iniciativas por la estricta censura impuesta por el régimen reaccionario de Napoleón III. Así, con veinte años, el diario fundado por él mismo -“La revue du progres”, para el que escriben numerosos socialistas y ateos, e incluso un Verlaine principiante-, es clausurado a instancias de las denuncias presentadas por la curia católica francesa; y en el proceso subsiguiente, a Ricard se le condena a prisión y a pagar una cuantiosa multa, por injurias a la moral y a las buenas costumbres (aunque sólo cumplirá tres de los ocho meses que dicta la sentencia).
Lejos de sentirse cohibido o aleccionado tras aquella amarga experiencia, el perseverante Ricard decidió aprovechar, tras la salida de la cárcel, las numerosas muestras de afecto de sus amigos y compañeros para organizar un salón literario, en cuyas reuniones germinaría, en el plano artístico, el futuro movimiento parnasiano. Cuando Verlaine rememoró más tarde las veladas de Ricard, le describió “lleno de tanta vivacidad como de cordialidad, yendo de un grupo a otro, discutiendo con ardor de estética y de revolución, del soneto y del federalismo, pero siempre con plena convicción” de sus opiniones. Esta clase de hombres entusiastas y abnegados, pese a no llegar nunca a rozar la genialidad, se erigen en impulsores inestimables de aquellos otros que, contando efectivamente con ese don, se desenvuelven de manera demasiado torpe y corren el riesgo de pasar desapercibidos en medio de una sociedad bulliciosa y frenética. Y ahí se encuentra su mayor mérito: en su buen criterio y su habilidad para descubrir al genio, y en su fortaleza para defenderlo a capa y espada de cuantos detractores se opongan a su éxito.
Bien es cierto que su papel en el parnasianismo no fue más allá de las primeras etapas. Tras los sucesos de 1871, su activismo político y su estrecha vinculación con la recién derrotada Comuna, le obligaron a exiliarse a Suiza. Jamás regresaría a París. Después de una corta estancia en Sudamérica, se afincaría finalmente en Montpellier (sus antepasados procedían de la región de Languedoc), para participar activamente en el resurgir del idioma occitano capitaneado por Frédéric Mistral.



No obstante, entre sus largas tiradas de versos (en los que existe una cierta reiteración de temas y de rimas), moldeados a la manera épica de Leconte de Lisle, pueden hallarse algunas valiosas joyas que no merecerían caer en el olvido y que he decidido traducir para su divulgación en este blog.