martes, 20 de septiembre de 2016

Catulle Mendès - Marmorea



MARMOREA                                                                               MARMÓREA

Del libro “Philoméla”



Savez-vous un pays où la fleur a des ailes?                           ¿Conocéis un país donde las flores tengan alas?

Savez-vous un pays où l'aile a des parfums,                         ¿Conocéis un país donde las alas estén perfumadas,

Où les roses d'avril en place d'immortelles                           donde las rosas de abril, en lugar de inmortales,

Fleurissent le tombeau de nos amours défunts?                  hagan florecer la tumba de nuestros amores difuntos;



Où, sur les monts bombant l'échine de la plaine,                donde, sobre los montes que abomban el espinazo de la llanura,

Le platane au tronc lisse et l'orme au pied moussu             el plátano de terso tronco y el olmo de base musgosa,

Cliquètent, pleins d'oiseaux, de chansons et d'haleine,      repletos de aves, de canciones y de fragancias, repiquen

Comme un grelot d'argent sur le dos d'un bossu?               como una campana de plata sobre la espalda de un jorobado;



Où le flot, dans un bain de fluides étreintes,                        donde las olas, en un baño de fluidos abrazos,

Des baigneuses, le soir, berce la nudité?                               por la tarde acunen la desnudez de los bañistas;

Où le sable du bord conserve les empreintes                       donde la arena de la orilla conserve las huellas

Des enlacements nus pendant les nuits d'été?                     de los desnudos encuentros en las noches de verano?



Là, parmi les buissons, rayonnante et sans voiles,              Allí, entre los arbustos, fosforescente y sin velos,

Une apparition glisse comme un follet.                                 una aparición se desliza como un duende.

— Belle fille, statue, aux deux grands yeux, étoiles             --Hermosa muchacha, estatua de grandes ojos como estrellas

Que la Nuit laissa choir dans un ruisseau de lait,               que la noche dejó caer como un arroyo de leche,



Quel ciseleur de mots, quel sculpteur de pensées,              ¿qué cincelador de palabras, qué escultor de pensamientos,

Que Dieu pour travailler les durs métaux créa,                   qué dios, trabajando los duros metales, creó

Arrondira le vol des strophes cadencées                               o redondeó el vuelo de las cadenciosas estrofas

Au moule de ton sein, blanche Marmorea?                          en el molde de tu pecho, blanca Marmórea?


lunes, 19 de septiembre de 2016

El inclasificable Catulle Mendès

Como este blog tiene por objeto desvelar, para el lector de habla hispana, una época de la literatura francesa hasta ahora sorprendentemente descuidada y desatendida, no va a centrarse en los autores más accesibles, cuyas rimas están ya disponibles en numerosas ediciones y traducciones, como ocurre en los casos de Verlaine o Baudelaire.

En días anteriores, he tratado someramente de introducir el parnasianismo, seleccionando algunas obras de sus fundadores (Gautier, Baudelaire, Lisle y Banville) y de sus últimos cultivadores (en "el pico de la mesa", destacando a Verlaine). Luego, quizás de manera demasiado extensa, he expuesto mis pensamientos acerca de la descomunal deuda que tiene este movimiento artístico con el que considero "el Profeta de la Belleza": Edgar Allan Poe. 

A partir de esta entrada, sin embargo, voy a dar comienzo a un recorrido minucioso y paciente por las obras de los parnasianos más notorios de la década de los 60 (del siglo XIX). El objetivo es presentar, cada mes, a tres o cuatro escritores, traduciendo algunas de sus rimas. ¡Quiera Apolo que pueda haber concluido mi propósito dentro del año en curso!

He elegido para abrir esta serie al inclasificable e infatigable Catulle Mendès, más por criterios biográficos que estéticos. 





La importancia que tuvo la ardiente y precoz vocación literaria de este joven bordelés para el devenir del movimiento parnasiano nunca podrá ser justamente valorada. Sobre todo, porque a su dinamismo y vitalidad innatos, se unió la afortunada circunstancia de provenir de una familia de ricos banqueros. Un joven provinciano, con los bolsillos repletos y un espíritu lleno de curiosidad -lo de su ascendencia judía y española es lo de menos. Resulta indudable que, si poseía carácter y talento, hallara en el ambiente parisino su hábitat natural.  


De manera que, con veinte años, le encontramos como editor de su propia revista, la "Revue fantasiste", y además muy bien relacionado tanto con el stablishment cultural (el que mueve los hilos) como con los literatos que empiezan a despuntar en ese momento. Mendès no tardará también en probar suerte con la pluma: en 1863 publica su primer libro de poesía, integrado por tres colecciones independientes: "Philoméla", "Sonnets" y "Panteleïa".

En esta primera obra se revela ya como un consumado artista; hasta tal punto, que -como ocurre también con tantos otros autores- no sólo le servirá para hacerse un renombre, sino que el efecto producido por estas rimas será el más duradero e influyente en sus contemporáneos. Nada más y nada menos que el gran Paul Verlaine admitió, en una carta de 13 de septiembre de 1892 dirigida a Mendès para acusar el recibo de un ejemplar de sus poesías completas, que "Philoméla" había sido uno de sus amores de juventud (amores "estéticos", se sobreentiende), y que tenía un sentido aprecio por el resto de su producción. Téngase en cuenta que Mendès publicó su primicia en 1863, y que la primera edición de los "Poèmes saturnelles" de Verlaine data de 1866, sólo tres años más tarde. En esta última, una de las secciones está dedicada a Mendès, la titulada "Paisajes tristes". Añadamos a esto que Philoméla, en griego, significa "la que ama la música": y la particular virtud de Verlaine fue siempre crear una poesía esencialmente musical.

La razón de esta irrupción exitosa se halla en las aptitudes emuladoras del autor y en el carácter multiforme de su primer libro. Con "Philoméla", por primera vez pueden encontrarse representados y conciliados en un solo volumen todos los estilos personales de los cuatro fundadores del parnasianismo: a Lisle -"Marmorea"-, a Banville -"Les ingénus"-, a Baudelaire -con un "Spleen" mendesiano-, y a Gautier -en la bizarrerie de temáticas y localizaciones. No es de extrañar, pues, que tanto Verlaine como otros jóvenes aspirantes a rimadores, se sientan atraídos hacia este compendio estilistico que, infaliblemente, ha de reverberar como un reclamo para sus diferentes gustos y tendencias. Con esta primera tentativa, se descubren el carácter de Mendès y la faceta fundamental que va a desempeñar dentro del movimiento parnasiano.

Así, como señala Miguel Ángel Feria en su "Antología de la poesía parnasiana": "ecléctico en su empeño de permanecer siempre en vanguardia, dejó una obra inabarcable y poliédrica en la que fue todos para ser él mismo". En total, unas ciento cincuenta obras. La curiosidad de este infatigable creador le hacía cambiar de estilo una y otra vez, lo que impide trazar una semblanza característica de su credo estético. Simplemente, lo adaptaba al gusto del momento. 

Este eclecticismo le vino que ni pintado para erigirse en moderador de buena parte de los cenáculos parnasianos que se reunían en aquel tiempo; pues cuando cada cual habla un idioma estético distinto -incluso dentro de unos principios y fines comunes, cada autor conserva siempre una personalidad marcada y una integridad irrenunciable-, sólo aquél capaz de identificarse con todas las perspectivas puede conciliarlos a todos y conjurar el entendimiento sereno y cordial. Éste es uno de los rasgos más notorios del parnasianismo, curiosamente, apenas considerado hasta hace poco entre los estudiosos: lo bien avenidos que estuvieron todos durante mucho tiempo, en comparación con otras escuelas -que, por esta sola razón, ya sólo merecerían menos que el parnasianismo el derecho a considerarse como tales. Y en este punto, Mendès tuvo un papel crucial: a él se le debe la iniciativa de poner en común las creaciones de unos y otros en una serie de descomunales antologías, el famoso "Parnasse contemporain" editado por Lemerre, que dio nombre a su escuela -si bien, parece que la idea del título no fue precisamente de Mendès, al fin y al cabo. Más aún: consideraba este proyecto tan suyo, que escribió "La leyenda del Parnaso contemporáneo", convirtiéndose en historiador además de instigador.

Pero, como dije al comienzo, quizá la parte más notable de su obra fuera su propia vida.

Mendès no dejó nunca de fomentar las letras, divulgando sus obras y las de sus camaradas parnasianos, ganándose la vida gracias a su profesión liberal, y gozando además de la amplia herencia de sus antepasados burgueses, que le permitió vivir holgadamente. Sus contactos en la alta sociedad atrajeron a muchos interesados, y no sería de extrañar que buena parte de las alabanzas que recibió en vida -y que dejó de recibir, automáticamente, pocos años después de su muerte- fueran fruto de un simple "peloteo". 

Por el contrario, las "atracciones" de Mendès denotan una intensa propensión a la sensualidad: nada más llegar a París, entabló una estrecha amistad con Théophile Gautier, un pintor con palabras, el Paladín de la Belleza. La asiduidad con que trataba a su familia, le permitió conocer a su bella hija y acabar enamorándola cuando era todavía una joven inexperta: se trataba de Judith Gautier, que llegaría también a ser una famosa escritora de temática oriental -en parte por genética, y en parte por el apoyo sin ambages de su esposo. Durante esta época, Mendès y señora se rindieron a la magia de la nueva música wagneriana que estaba embrujando a Alemania entera y también a media Europa. En adelante, ambos se convertirían en asiduos oyentes de "El anillo de los Nibelungos" en Bayreuth, y contribuirían decisivamente a su posterior divulgación en Francia. No obstante, tres años después de haberlo contraído, su matrimonio precoz acabaría en divorcio. Aunque Mendès encontró muy pronto consuelo a sus penas, uniéndose a una bella -y también acaudalada- joven pelirroja, de ascendencia irlandesa: la compositora Augusta Holmès. Mendès y Holmès tuvieron cinco hijos, pero tampoco duró eternamente su idilio. Nuestro autor aún habría de unirse en su madurez a una tercera beldad, la poetisa Jeanne Nette... ¡25 años más joven que él!

¿No es una vida como ésta la que ambicionarían muchos hombres? Afortunado en los negocios, afortunado en la creación literaria, afortunado en el amor, afortunado en la amistad... Sólo su muerte fue terrible, mas ¿no representa sólo un suspiro insensible de fatalidad, en medio de una larga existencia de éxitos y sensualidades?

El desfavorable juicio sobre la obra de Mendès... ¿no parece contener, allá donde se analiza, aunque sólo sea una pequeña gota de amarga envidia?





Ya he dicho hasta aquí lo que quería destacar de este autor injustamente olvidado hoy en día; si bien, no hace mucho que una persona lo ha rescatado para los lectores de habla hispana -al menos, una parte considerable de su producción en prosa-: se trata de José Manuel Ramos González. Es el autor de una traducción, publicada en 2013 por la Editorial Ardicia, de los cuentos de Catulle Mendès que forman parte del volumen "Monstruos parisinos". Además, ha creado un par de blogs de referencia obligada para todo aquel que quiera conocer a fondo su personalidad y su obra.

¡Que las bendiciones y el favor de Apolo sean con él!
  

jueves, 15 de septiembre de 2016

Charles Baudelaire - L'albatros

L'ALBATROS                                                                                   EL ALBATROS
Del libro "Les fleurs du mal"

Souvent, pour s'amuser, les hommes d'équipage                     Con frecuencia, para divertirse, los marineros
Prennent des albatros, vastes oiseaux des mers,                      cazan a los albatros, grandes aves marinas,
Qui suivent, indolents compagnons de voyage,                        que siguen, como indolentes compañeros de viaje,
Le navire glissant sur les gouffres amers.                                  al navío deslizándose sobre los amargos abismos.


 À peine les ont-ils déposés sur les planches,                            En cuanto los han depositado sobre el puente,
Que ces rois de l'azur, maladroits et honteux,                           estos reyes del azul, desequilibrados y humillados,
Laissent piteusement leurs grandes ailes blanches                  deponen lastimosamente sus grandes alas blancas,
Comme des avirons traîner à côté d'eux.                                    como remos que arrastraran tras su paso.


Ce voyageur ailé, comme il est gauche et veule!                        Este alado viajero, ¡cuán torpe e insignificante!
Lui, naguère si beau, qu'il est comique et laid!                          Antes tan hermoso, ¡ahora cómico y feo!
L'un agace son bec avec un brûle-gueule,                                   ¡Uno le fastidia con su pipa en el pico,
L'autre mime, en boitant, l'infirme qui volait!                           el otro imita, cojeando, al achacoso que volaba!


Le Poète est semblable au prince des nuées                               El poeta se asemeja a un príncipe de las nubes,
Qui hante la tempête et se rit de l'archer;                                   habituado a la tempestad y que se ríe del arquero;
Exilé sur le sol au milieu des huées,                                             exiliado en el suelo, en medio del jaleo,
Ses ailes de géant l'empêchent de marcher.                               sus alas de gigante le impiden avanzar.



Existe la posibilidad de hallar "Les fleurs du mal" en todas las bibliotecas públicas y en Internet -recomendaría, como siempre, el clásico poemasenfrancés y también esta página en inglés dedicada a Baudelarie-.


Por último, añado aquí el enlace a la versión para voz y piano que compuso el músico Ernest Chausson.



miércoles, 14 de septiembre de 2016

Charles Baudelaire - La vie antérieure


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LA VIE ANTÉRIEURE                                                                  LA VIDA ANTERIOR

Del libro "Les fleurs du mal"

J'ai longtemps habité sous de vastes portiques                       Largo tiempo he habitado bajo vastos pórticos
Que les soleils marins teignaient de mille feux,                       que los soles marinos teñían con un millar de fuegos,
Et que leurs grands piliers, droits et majestueux,                   y cuyos grandes pilares, rectos y majestuosos,
Rendaient pareils, le soir, aux grottes basaltiques.                 en la tarde perduraban, semejantes a grutas de basalto.


Les houles, en roulant les images des cieux,                            Las olas, transportando la imagen de los cielos,
Mêlaient d'une façon solennelle et mystique                           mezclaban, de un modo solemne y místico,
Les tout-puissants accords de leur riche musique                  los todopoderosos acordes de su música espléndida
Aux couleurs du couchant reflété par mes yeux.                     con los colores del ocaso reflejado por mis ojos.


C'est là que j'ai vécu dans les voluptés calmes,                        Es allí donde he vivido en una tranquila voluptuosidad;
Au milieu de l'azur, des vagues, des splendeurs                      en medio del azul, de las olas, de esplendores
Et des esclaves nus, tout imprégnés d'odeurs,                         y de esclavas desnudas impregnadas de perfumes,


Qui me rafraîchissaient le front avec des palmes,                   que me refrescaban la frente con hojas de palmera,
Et dont l'unique soin était d'approfondir                                  y cuya única ocupación consistía en profundizar
Le secret douloureux qui me faisait languir.                            en el doloroso secreto que me hacía languidecer.



Éstas son, para un sacerdote de Apolo, las mejores rimas de Baudelaire, que el compositor Henri Duparc convirtió en la canción más hermosa que se haya escrito jamás, y que puede escucharse en Internet en numerosas versiones, quizá la mejor sea la interpretada por la soprano Jessye Norman y el pianista Dalton Baldwin.