jueves, 2 de abril de 2026

La cuarta antología del Parnaso

 

Como es sabido, “Le Parnasse contemporain” tuvo tres entregas: 1866, 1869 y 1976. Entre la primera y la última median diez largos años en los cuales sucedieron muchas cosas; pero el acontecimiento histórico más remarcable fue la guerra franco-prusiana (1870-71) y los años de ocupación alemana (1871-73), junto a su consecuencia socialmente más importante: la disputa civil interna representada por la Comuna de París. Todos estos hechos tuvieron una trascendencia enorme en las vidas de los principales poetas parnasianos: Verlaine, por ejemplo, fue perseguido por “comunero” y tuvo que esconderse; Leconte de Lisle, afecto al régimen bonapartista, estuvo a punto de ser procesado, pese a ello, por la publicación de su “Catecismo popular republicano”; otros muchos, como Armand Silvestre y Auguste Villiers de L'Isle-Adam, se alistaron para combatir a los invasores; y el futuro premio Nobel, Sully Prudhomme, de resultas de su participación en la guerra, sufrió una enfermedad crónica cuyas secuelas padeció hasta su muerte.

La situación política y social también repercutió en sus obras, ya que la temática del arte por el arte se dejó temporalmente a un lado (de ahí los largos años transcurridos entre la segunda y la tercera antología “Le Parnasse contemporain”) para dar paso a una poesía más patriótica, combativa y, sobre todo, enfocada a paliar las consecuencias morales de la derrota y la invasión: el sentimiento de humillación nacional y de inferioridad del pueblo francés, mal acostumbrado a los éxitos de la etapa expansiva y colonialista de Napoleón en Crimea, Italia, Argelia, Indochina, México, etc. El flamante imperio francés cayó y, en su lugar, se alzó el nuevo imperio alemán. Y ahí tenemos a Banville con sus “Idylles prussiennes” (1871), Coppée con “Les humbles” (1872), Dierx con “Les Paroles du vaincu” (1871), Mèndes con “Les 73 Journées de la Commune” (1871), etc.

Sin embargo, al margen de todas estas desgracias y paréntesis forzados, hubo otro acontecimiento singular que, específicamente, sumió al mundillo de las letras en un breve período de luto y reflexión.

El 23 de octubre de 1872, a causa de una larga afección cardíaca, Théophile Gautier muere en París y es enterrado con honores en Montmartre.

¿La consecuencia…? ¡Paren las máquinas de la poesía, ha muerto el “maestro”! La noticia corre como la pólvora; y el editor parnasiano, Alphonse Lemerre, por iniciativa de sus protegidos, se hace cargo de editar un libro de poemas laudatorios y elegíacos dedicados al difunto “mago” de las letras francesas (como lo llamaba el también difunto Baudelaire). Su título fue “Le Tombeau de Théophile Gautier”, emulando iniciativas parecidas que tuvieron los poetas franceses del siglo XVI para elogiar a sus muertos ilustres, y salió a la venta al siguiente año de 1873.




El primero de los poemas en imprimirse, cómo no, fue el de su exiliado amigo Víctor Hugo. Después, vendrían muchísimos más, autores más o menos conocidos, más o menos profesionales de la pluma, entre los cuales he destacado en mi publicación anterior en este blog a Sully Prudhomme. Incluso el inglés Swinburne participó. Tan sólo cabe echar de menos al “pauvre Lelian”, es decir Verlaine, aunque su ausencia tiene una explicación: por aquellas fechas se había fugado con Rimbaud, dejando atrás a su joven esposa sola con un bebé y a toda la sociedad literaria escandalizada.

Pero ésta es la excepción que confirma la regla: todo el que pudo, participó en aquella “cuarta antología” parnasiana, dejando así un testimonio a la posteridad de la enorme categoría artística y creadora de Théophile Gautier.



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